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Bebé prematuro: cuidados específicos y acompañamiento psicológico

¡El bebé ya ha llegado! Y aunque la gente de tu alrededor está tranquila y confía en que todo irá bien, tu bebé parezca estar sano, tú lo ves tan pequeño y tan frágil... Y es que un niño prematuro conlleva una serie preguntas e inquietudes que son totalmente normales.

Desde el nacimiento en el hospital, el bebé necesita una serie de cuidados especiales para que sus primeros días de vida pasen de la mejor manera posible. Un bebé prematuro es frágil, al menos durante sus primeros momentos de vida. Tenemos que aclarar algo: en este artículo hablamos de prematuros que han nacido entre la semana 34 y 37 del embarazo. Normalmente son los prematuros más desarrollados y, por lo tanto, menos frágiles cuando hay un parto antes de tiempo.

Bebé prematuro y maternidad: vigilancia intensiva, cuidados específicos


Ser padres de un prematuro no es nada fácil. Pasa un tiempo en la incubadora, la lactancia no es fácil, se le hacen muchas pruebas, está ingresado más tiempo... En el hospital, los cuidados específicos que recibe el pequeño prematuro, aunque sean pocos, no son fáciles de gestionar. En lugar de sentirse seguros con esta vigilancia intensiva, los padres jóvenes se sienten más bien desorientados frente a este pequeño bebé de apariencia frágil. Su cuerpo pequeño, su piel fina, a veces un poco "arrugada", poco pelo... Las características físicas de un prematuro pueden incrementar ese sentimiento de inquietud. Por supuesto, no dura mucho. Aunque la prematuridad es muchas veces difícil, poco a poco, el bebé gana peso, la cara se relaja, toma fuerzas... ¡Simplemente crece!

Un parto prematuro comporta consecuencias visibles, pero también tiene otras secuelas que dependen del momento de desarrollo de sus funciones vitales en el nacimiento. El bebé prematuro tiene el hígado, el aparato respiratorio o digestivo más o menos inmaduro. Los problemas o carencias relacionados con el parto prematuro pueden aparecer con el tiempo: dificultad respiratoria, fragilidad gástrica, anemia, falta de hierro o de vitaminas... El seguimiento, las pruebas y los cuidados realizados en el hospital (y que muchas veces hay que seguir haciendo al volver a casa), son para remediar y detectar posibles problemas. Son muy raros en los prematuros que han nacido tras la semana 33 del embarazo. Dentro de los bebés prematuros, hay que distinguir entre los bebés prematuros y los grandes bebés prematuros.

El pequeño prematuro tiene también una grande sensibilidad a los cambios de temperatura. Por este motivo muchas veces tiene que estar en la incubadora. La incubadora (a 34/35 ºC) hace que el cuerpo esté a una temperatura correcta y garantiza una humedad adaptada. Para conservar el vínculo entre la mamá y su bebé en la incubadora, se puede colocar un objeto personal tranquilizador y colocar la incubadora directamente en la habitación.

En resumidas cuentas, un bebé prematuro necesita, aun más que el resto, calma, sueño y tranquilidad. Muchas veces se dice que tiene que acabar su periodo de gestación fuera del vientre de su mamá. Hay que respetar al máximo su ritmo y protegerle de la agitación natural que rodea un nacimiento.

Acompañar a los bebés prematuros: El método "CANGURO"


Actualmente, se han realizado muchos avances en la prematuridad. El método llamado "canguro" viene de Colombia, donde los medios eran insuficientes para cuidar a los niños prematuros con seguimiento médico. A día de hoy se utiliza en unidades especiales en las maternidades. Es sencillo y natural. Este contacto "piel a piel" con la madre o el padre, da calor al bebé. El ritmo cardíaco de los padres ayuda también a hacer que el del bebé lo haga al unísono y, de este modo, regular su respiración.

Los beneficios son tanto físicos como emocionales: alargar la intimidad del embarazo, acercamiento entre madre e hijo, tranquilizar a los padres y al niño, coger confianza... El contacto "piel a piel" a veces se asocia a la técnica de porteo, que consiste en pasear al bebé llevándolo pegado al cuerpo.

En 1987, Nathalie Charpak, una pediatra francesa que vivía en Bogotá, se interesa por las "madres canguro" y lleva a cabo un estudio que consiste en demostrar los beneficios de este método en los niños. Desde entonces, cada vez más pediatras y obstetras de todo el mundo están convencidos de los beneficios de este método, destinado principalmente a los grandes prematuros, pero que se puede aplicar en todos los bebés.

El papel del padre en la llegada de un bebé prematuro


Un bebé prematuro necesita cuidados, pero también toda la ternura y todo el amor de su madre... ¡y de su padre! De todas formas, el bebé no es el único frágil en un parto prematuro. Para la madre también conlleva un momento difícil. Se trata de una mezcla de sentimientos: inquietud, sobre todo, pero también tristeza, frustración por no haber podido vivir totalmente y tranquilamente el embarazo y parto, culpabilidad... Los padres tienen un papel muy importante: escuchar, comprender, quitar importancia, participar de manera activa en los cuidados del bebé... Esta experiencia puede resultar enriquecedora, donde cada uno encuentra su lugar en el seno familiar y se consolida. No hay que olvidar que, con la llegada del primer bebé, se crea una familia.

Un bebé prematuro, con el seguimiento médico adecuado y con un entorno de afecto, crece y se desarrolla de manera normal y recupera en 2 o 3 años los posibles "retrasos". No hay que darle una importancia desmedida, no hay que sobreproteger al bebé, no hay que considerar la prematuridad como un trauma: esta experiencia, como cualquier otro evento de la vida, forma parte de la historia de la familia.

El primer contacto con los hermanos


Cuando nace un bebé, los hermanos pueden tener sentimientos contradictorios: "estar contentos y enfadados", "tener ganas y no", "ser amables o estar celosos". Cuando el hermano pequeño prematuro está en el hospital desde el nacimiento, tienen también muchas dificultades para expresar sus emociones contradictorias. Como no lo han visto nunca, tienen problemas para representar su existencia. Después de todo, el bebé ya no está en el vientre de la mamá ni en casa, lo que les puede provocar angustia.

Cuando los padres afrontan esta difícil prueba de la vida en familia, preocupados por la prematuridad y por el despliegue de medios que se realiza alrededor del bebé, tienen problemas a veces para ver la angustia de los hermanos mayores y no encuentran las palabras para explicarles las situación. En estos momentos, toda la familia necesita un acompañamiento y un apoyo específico de los servicios de neonatología para que todo se lleve a cabo en las mejores condiciones posibles.

En el hospital, los profesionales (médicos, puericultores, enfermeros, cuidadores de niños, psicólogos...) pueden ayudar a los hermanos mayores a situarse en esta nueva configuración familiar y a participar activamente para conocer a su hermanito. El médico también puede responder a todas las preguntas médicas. El puericultor puede explicarles los cuidados que debe seguir el bebé, así como presentarle las diferentes máquinas. El psicólogo puede escucharlos, ayudarles a que expresen sus sentimientos, inquietudes... No entienden por qué los padres no les hacen el mismo caso o por qué tienen reacciones inesperadas. Incluir al hermano mayor permite que los padres se reubiquen y que compartan momentos de complicidad con el bebé, que es ahora el centro de todo tipo de atenciones. Este encuentro les hace integrarse en la familia, indispensable en su buen desarrollo.

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