RECOMENDACIONES

Un momento privilegiado para el bebé y para ti:
el masaje del bebé.

¿Qué tal si te tomas un tiempo para relajarte junto a tu bebé? Pocas cosas hay como un benéfico masaje para compartir un momento íntimo con tu bebé, repleto de sensaciones que le relajarán y tranquilizarán a tu lado. Puede que no lo sepas pero el primer masaje que le hiciste a tu bebé tuvo lugar tras su nacimiento, cuando cogiéndolo entre tus brazos, envolviste su espalda y el resto de su cuerpo con tus delicadas manos. Descubre todos sus beneficios... ¡y disfrutadlo!

El masaje del bebé: una práctica relajante y placentera


En diversas civilizaciones, como en oriente o en África, resulta habitual practicar masajes diariamente al bebé para calmarle tras el exigente momento del parto. De esta forma el bebé recupera ese contacto físico cuerpo a cuerpo, fuente de relajación y descanso. A través del sentido del tacto captarás su atención y podrás conocer mejor cómo reacciona, cómo se comporta... Y mientras tanto estarás alimentando vuestra confianza mutua mientras el bebé va ganando consciencia de su cuerpo y sus límites, con vuestros movimientos, ganando noción de su existencia fuera del vientre de la madre. Se sabe que un masaje podrá resultar efectivo para calmar el llanto del bebé, así como para desarrollar la flexibilidad de sus articulaciones, deshaciendo tensiones musculares derivadas de su recién estrenada vida. Por otra parte, será también beneficio para su intestino, relajándolo y mejorando el tránsito intestinal, aliviando cólicos y disminuyendo o eliminando la obstipación. Reduce los niveles de cortisol en sangre (hormona del estrés) y aumenta los de oxitocina (la hormona del relax) que aumenta el placer del bebé.

Consejos para un buen masaje


Elige el momento adecuado y ponte cómoda para que este ritual se desarrolle de la forma más agradable posible para ambos. Elige un horario en el que estés totalmente disponible para él y que el bebé se encuentre tranquilo, idealmente lejos de las horas de las comidas, ya que si tiene hambre no estará muy receptivo y después de comer normalmente tendrá sueño. Después de un cambio de pañal o del baño podrá ser un buen momento.
Elige un espacio tranquilo y cálido (25 ºC aprox.) con luz natural o indirecta, coloca el móvil en silencio y viste una ropa cómoda. Corta tus uñas y pon a un lado anillos, reloj y, por su puesto, todo ello después de haber lavado las manos. A continuación, para una mayor seguridad, siéntate sobre la cama o sobre el suelo, colocando al bebé entre tus piernas para aumentar vuestro contacto físico. Puedes también realizar el masaje en el cambiador o sobre un pequeño colchón con una toalla suave sobre el suelo. Sobre la palma de tu mano, vierte un poco de aceite vegetal para masajes, rico en ácidos grasos esenciales y así te asegurarás una mayor hidratación de la piel del bebé. Se recomienda evitar aceites de frutos de cáscara como almendra dulce, nueces, avellanas... que pueden causar reacciones alérgicas. Cuando estés lista, procede a calentar su piel durante unos segundos, frotándola con tus manos.

Masaje deslizante


Empieza vuestro masaje. En los primeros momentos del masaje, desliza tus manos sobre el bebé desde su barriga hacia abajo, sin dañar su cordón umbilical. Coloca la parte baja de la palma de la mano, cercana al pulgar, sobre su cuerpecito mientras el resto de tu mano se mantiene relajada, así como la muñeca, deslizándola de una parte del cuerpo a la otra sin ejercer presión. Empieza masajeando su espalda de forma parecida al masaje uterino, tan apreciado por el bebé. Mientras sea pequeñín, desliza tus manos bajándolas desde sus hombros hasta sus extremidades, manos y pies, para conseguir un efecto muy relajante. Después de un mes, realiza tus movimientos desde los pies hacia la cabeza para tonificarle. Cubre las zonas masajeadas con una manta suave y cálida, ya que el bebé se enfría con rapidez, y adapta la duración de cada sesión de masajes en función cómo ves que el bebé se siente, si lo está o no disfrutando.

Lo ideal será empezar con sesiones de 5 a 10 minutos, en la medida de lo posible realizadas diariamente y siempre a la misma hora de forma a crear un nuevo ritual de complicidad.