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¿Qué cosas cambian con la llegada del segundo bebé?

Todos los padres se cuestionan sobre cuál será el mejor momento para lanzarse a por el segundo. ¿Cómo reaccionará el bebé a la llegada del nuevo hermanito? ¿Serán capaces de amar al segundo hijo tanto como al primero? Si ahora el ritmo de vida es exigente, ¿seremos capaces de gestionar la llegada de un nuevo miembro a la familia? Te ayudamos a resolver tus dudas sobre los cambios logísticos y en casa para que prepares la llegada de un segundo bebé.

El mejor momento para ir a por el segundo


¿Cuál es el mejor momento para lanzarnos a por el segundo hijo? Esta es la eterna pregunta ante la que se plantean dos grandes tendencias: hay quien piensa que es mejor no tenerlo demasiado seguido al primero para que este tenga tiempo de avanzar en su autonomía, su confianza y su papel de primogénito, mientras que hay quien cree ser mejor tenerlos lo más seguidos posible, para que se conviertan en compañeros de juegos inseparables. Así que, ¿cuanto tiempo en concreto dejar entre hermanos, 1, 3, 7 años?
Más allá de las matemáticas y las diferentes teorías, esta es una decisión que corresponde tomar a cada padre en función de sus propias convicciones, atendiendo a cuestiones como si se encuentran listos para afrontar todos los cambios asociados a este hecho. En ocasiones el deseo de tener un segundo hijo no es compartido por la pareja.
Sabemos que la vida familiar no siempre es una balsa de aceite… Tal como indica el Pedopsiquiatra Marcel Rufo, existen tres grandes ejes en una familia: "las relaciones de la pareja, las relaciones de los padres con sus hijos y las relaciones entre hermanos".

Con la llegada del primer bebé, la relación de pareja puede verse sometida a una exigente prueba. Noches en blanco, cansancio, falta de tiempo… Atrás quedan aquellos dos enamorados que compartían sus miradas. Ahora tenemos a dos compañeros de equipo centrados -de manera exclusiva, por así decirlo- en el bienestar de su bebé. La llegada de un segundo bebé puede tener el efecto paradójico de reequilibrar la situación, llegando a su fin la relación a tres ¡para dar paso a un espacio vital con los padres por un lado y los niños por el otro!

Diferencias en la transición de uno a dos niños


A menudo el nacimiento del primer niño se vive como una auténtica revelación, reconociéndose capaz de sentir un amor como nunca antes lo había hecho, realizar sacrificios y disfrutando de los pequeños placeres...

Por otra parte, el primer hijo también nos coloca ante nuestras dudas y debilidades, tanto en cuestiones prácticas como en temas más trascendentales. Sin un folleto de instrucciones, el bebé implica toda una serie de nuevas tareas como tomar baño, cuidar su cordón umbilical, identificar el origen de sus llantos, toda una serie de tareas nuevas para los padres primerizos, que también enfrentarán cuestiones como el tipo de educación a adoptar o incluso la relación con los niños. ¡Con la llegada del primogénito es sin duda cuando los padres aprenden a ser padres!

Pero las cosas son algo más fáciles con la llegada del segundo, cuando ya hay pruebas sobre nuestra capacidad de ser unos buenos padres y la silla de coche o la preparación de los biberones ya no nos reservan ningún secreto. Con todas estas dudas resueltas, de alguna forma se puede decir que disfrutamos con más tranquilidad del segundo hijo.

"Voy a pedirle a los Reyes Magos una hermanita…"


Si bien para los padres la llegada del segundo bebé es vivida como un motivo de fiesta, para el hermano mayor puede implicar una cierta amenaza.
Es relativamente normal que nuestros peques nos informen de su deseo de tener un hermanito para jugar, algo que a los padres le resulta tranquilizador, pero tal como indica la autora Catherine Dumonteil en su libro "Relations frères-soeurs"* (*Relaciones hermanos-hermanas), es importante mantener la idea de que "un hermano/a no es un regalo que los padres hacen a su bebé, sino un ser humano que tiene un lugar en el seno de la familia".

En los primeros tiempos tu hijo no podrá jugar con el bebé, y debe comprender esto cuanto antes para evitar quedarse después decepcionado. Puedes empezar a explicarle ya durante el embarazo cómo es el día a día de un recién nacido (llantos, siestas, baños...), de forma que los partidos de fútbol tendrán que esperar... En su lugar, "podrás enseñar a tu hijo mayor a observar el lenguaje corporal del bebé y sus reacciones".
Otro recurso para que tu hijo mayor entienda mejor la nueva situación será hablarle de su propio nacimiento, su llegada a casa, sus primeros meses, sus primeros dientes, empezar a caminar, con ayuda de grabaciones y fotos.

Un sentimiento natural: los celos entre hermanos


Es posible que se den reacciones extrañas a pesar de todos tus esfuerzos para prepara a tu primogénito para la llegada del hermanito/a, tales como episodios de enuresis, ataques de enfado, pesadillas o hasta expresiones de agresividad dirigidas al bebé. Ante estas situaciones, los padres pueden no saber cómo reaccionar, pero no os preocupéis, recordad en todo momento que el pequeño expresa sus emociones a través de los actos y necesita encauzar su ansiedad, su tristeza y sus celos.

El pedopsiquiatra Marcel Rufo indica que "los celos son una reacción natural. Compartir el afecto de sus padres es impensable e imposible para él". Vuestro desafío será escuchar a vuestro hijo lo máximo posible, dejándole expresar sus sentimientos sin juicios negativos o excesivos castigos, y aportándole seguridad sobre vuestro amor hacia él, ya que no le resultará fácil entender que el amor de sus papás es infinito. Puede que todo sea más fácil con un pequeño ejemplo: abre un grifo en la cocina y explícale que el amor de los padres es como el agua que corre, puede llenar el vaso de amor de un hijo y luego el del otro.

Exprimiendo cada minuto


No hace falta decir que con dos hijos, la vida no es igual que con uno y, si bien el amor de los padres es infinito, sus capacidades físicas tienen límites a la hora de hacer frente a las tareas del día a día. Es el momento de organizarse para optimizar los recursos. El pedopsiquiatra Marcel Rufo indica que con la llegada del segundo hijo, cada cónyuge tiene la oportunidad de dedicar un maravilloso tiempo exclusivo al hermano mayor mientras que el otro se ocupa del bebé.

Aprovechad en vuestro día a día los momentos en que le mayor está en la guardería o el colegio para dar baño al bebé tranquilamente. Aunque tus peques tengan que dormir en la misma habitación, protege el descanso del bebé ubicándole en una habitación diferente cuando duerme su siesta para evitar estar continuamente pidiendo silencio al hermano mayor, así como otras tensiones originadas al acudir a la habitación donde duerme el pequeñín.

Y no lo dudes a la hora de relativizar la importancia de las tareas diarias, para priorizar los momentos de juego y de cariño. La autora Catherine Dumenteil indica que raramente los adultos dicen "cuando yo era pequeño, mi casa estaba muy limpia, era genial" sino que es más habitual que se quejen de una falta de cariño y ternura por parte de sus padres.